Por Victoria Dellara

Que Argentina vive una crisis económica no es novedad para nadie. Desde la cultura se puede evidenciar en la concurrencia de la gente a los locales de libros usados. En estos últimos años, no sólo se han abiertos nuevos lugares, sino también los que ya existían se multiplicaron a través de sedes.
“Estamos en la ciudad hace cuatro años. La idea se le ocurrió a mi hermano hace 15 años. No se bien como surgió la idea, pero debe haber sido porque le gustaba leer libros usados”, comentó la dueña de una de las cuatro sedes de las librerías El Pez Volador
No todos se dirigen a dichos locales en busca de un buen texto para leer y disfrutar, algunos pretenden vender sus obras. Ésta no es una rara afirmación, la moda de comprar y vender usados se ha incrementado en nuestra ciudad.
“Viene mucha gente a comprar y vender libros, sobre todo a fin de mes cuándo las personas se quedan sin plata. No es mucho lo que ganan, pero a algunos les sirve”,dijo .
No es tarea fácil realizar un sondeo, ya que cada persona tiene un gusto determinado. “Se vende de todo lo que se te ocurra. Desde lo más raro hasta lo más común. Hay personas que eligen los clásicos y otras que vienen en busca de revistas de manualidades o infantiles. No hay un rubro que se mueva más que otro” explicó.
No obstante, se podría decir que los textos más vendidos son los que se utilizan en las facultades. “Los estudiantes vienen en busca de La República de Platón, textos de Aristóteles, Freud. Además de los diccionarios que siempre se venden”.
La diferencia de costo es del 50 por ciento, salvo en el caso de los libros que están agotados que pueden llegar a salir igual que uno nuevo o hasta más caro. “Antes era mucha la diferencia. Un libro que costaba 20 pesos te podía salir 3 usado. Ahora, como ha aumentado todo (alquileres, servicios), tratamos de restarle la mitad de lo que vale uno nuevo. En el caso de las ediciones agotadas puede llegar a costar varios pesos más”.
Esta costumbre ya se ha instalado en Rosario y parece no tener intención de desaparecer. Por suerte la lectura sigue siendo una elección de los argentinos.